Don Poseidón, granjero acomodado, se alegró mucho cuando su mujer le dijo que soñaba con ir a Tierra Santa. "-¡Fantástico! -exclamó con entusiasmo-. ¡Siempre he querido conocer Durango!". Doña Holofernes precisó: no esa Tierra Santa, sino aquella donde vivió Nuestro Señor. Consultó precios don Poseidón en Bait & Brakefast, agentes de viajes, y dijo a su señora que algún día quizá le cumpliría ese sueño. Por ahora se hallaban en la etapa de cuidar los centavos como si fueran pesos, para luego poder gastar los pesos como si fueran centavos. Harían un viaje, sí, pero al Bajío. Conocerían lugares muy hermosos, como Irapuato y Salamanca, y suplirían la visita a Jerusalén por una al Cerro del Cubilete. Doña Holofernes no se mostró muy convencida, pero aceptó a regañadientes. Preguntó: ¿llevarían