Doña Avidia, mujer con grandes impulsos de libídine, no era correspondida en tal pasión por su marido, de nombre Pudendín Doblado. Un día, sin conocimiento de su esposo, fue la ardiente señora con el médico y le pidió un elixir, alguna pócima o brebaje que sirviera para resucitar en su exangüe consorte los febráticos ímpetus de rijosa carnalidad que el paso de los años le había arrebatado. ("Use it or loose it”: o lo usas o lo pierdes, se dice en lengua inglesa para expresar lo mismo que el clásico apotegma enunciado por Hipócrates de Cos: órgano que no se usa se atrofia). El médico escuchó la solicitud de doña Avidia. "-Mire, señora - le contesta-. Me acaba de llegar este nuevo específico paregórico formulado con una combinación de fosfuro de cinc, nuez vómica, acantea virilis, hier