Internacional miércoles 3 de sep 2003, 11:22am - nota 5 de 15

Venezolanos pobres cambian desperdicios por alimentos


Reuters

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CARACAS, VENEZUELA.- Como si fuera un acto de magia, algunas botellas, varias piezas de ropa vieja y una cocina dañada y oxidada se convirtieron para Amarilis Chirinos en cuatro kilos de azúcar, seis kilos de frijoles, seis latas de sardinas y diez kilos de arroz. Pero no fue prestidigitación.

La dirigente comunitaria y otros habitantes de “El Resplandor”, una barriada pobre del oeste de Caracas, recolectaron desechos para beneficiarse de “El Cambalache”, un programa lanzado por el municipio Libertador de la capital de Venezuela para permutar basura reciclable por alimentos.

Con el programa, 25 kilos de chatarra equivalen a un kilo de arroz; dos kilos de aluminio a una lata de leche en polvo y 20 kilos de vidrio a una lata de atún.

Neveras dañadas, colchones viejos y neumáticos son parte de las toneladas de basura lanzadas por los barrancos y quebradas en los miles de barrios pobres que rodean Caracas y que forman enormes cinturones de miseria alrededor de la capital del quinto exportador mundial de petróleo.

Para algunos venezolanos muy pobres del sector, el esfuerzo de recoger basura bien merece la pena. “Me siento bastante orgullosa porque me los gané (los alimentos). No me los regalaron sino que me cambiaron la basura”, dijo Chirinos durante la tercera jornada del programa.

En Venezuela, la pobreza alcanza a un 80 por ciento de la población de 25 millones de habitantes, mientras que el desempleo está en el 18.3 por ciento en julio.

Comida y limpieza

Pero no sólo se trata de comida. Tanto para los promotores como para las comunidades la recolección de los desechos permite limpiar las tradicionalmente congestionadas quebradas, que en épocas de lluvias se desbordan y pueden arrasar las viviendas construidas en las cercanías de sus cauces.

“(El Cambalache) nos ayuda porque no tenemos desorden en el barrio y (...) podemos obtener comida por eso”, comentó Blanca de Terán, una ama de casa que esperaba en fila para pesar las botellas y latas que recolectó para el intercambio.

Los vecinos de “El Resplandor” hurgaron en las malolientes quebradas en busca de desechos. Algunos lamentaron que la apretada situación económica los empuje, incluyendo a gran cantidad de niños, a exponerse a focos de contaminación para acumular una buena cantidad de basura para intercambiar.

“Esta idea de cambiar cachibaches por comida no es mala (...) Hay que buscar la manera de que cada quien viva”, dijo Pedro Salas, un desempleado de 36 años, que sin embargo se quejó de estar recolectando desechos para poder tener alimentos y clamó más bien por empleos estables.

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