Pasan los días y los pordioseros siguen en las calles viviendo de la caridad de la gente.
TORREÓN, COAH.- El lugar: cualquier banqueta. El motivo: unas monedas. Un vaso de plástico sucio y viejo es su esperanza. Y aunque al final del día el dinero no alcance más que para unas tortillas, frijoles y tal vez un pedazo de queso, seguirán mendigando porque no les queda de otra.
Todos los días se repite la misma historia: algunos llegan a las afueras de la iglesia del Perpetuo Socorro sólo para pedir dinero durante las misas, otros se quedan sobre la banqueta día y noche. Ahí duermen, ahí viven. Incluso cuelgan sus pertenencias en las ramas de los árboles cercanos.
Pero sus harapos sucios y viejos no parecen causar tanto impacto en los católicos ni en los peatones. Pasan y los ven con i