Nosotros martes 2 de sep 2003, 11:22am - nota 5 de 17

Marco Cultural / Monedas Mexicanas


Con este artículo cierro la serie de publicaciones sobre Monedas Mexicanas. Transcribiré lo expresado por el Dr. Alberto Francisco Pradeau, en su obra “Historia Numismática de México”, de 1823 a 1950, Tomo Primero, Edición de la Sociedad Numismática de México, 1957, y dice:

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“Descripción de las onzas troy: En una cara se muestra grabada una balanza colgante; un poco más abajo y entre los platillos de la balanza, en dos renglones: Ley 0.925. Sobre el brazo izquierdo de la balanza, en tres líneas: Peso 33.625 gramos. Alrededor, empezando en el cuadrante inferior izquierdo. Al otro lado, se halla una prensa de tornillo, igual, únicamente que más grande, a las que muestran las medallas conmemorativas del IV centenario de la fundación de la casa; el símbolo de la CECA aparecen céntricamente colocado un milímetro arriba de la prensa; la inscripción marginal comenzando en el cuadrante superior izquierdo, dice: Casa de Moneda de México; la fecha de emisión, o sea 1949, se encuentra en el cuadrante inferior izquierdo.

Ambas caras presentan el labio izquierdo, de un milímetro de ancho. La gráfica es escalonada. El canto tiene estrías perpendiculares, igual al que presentan los Cuauhtémoc de cinco pesos. La onza troy es de forma circular, mide 41 milímetros de diámetro y es de un acabado perfecto. Estas piezas se comenzaron a troquelar en el mes de mayo de 1949 y se terminó la acuñación en octubre del mismo año.

De acuerdo con lo expresado en la prensa capitalina, las primeras piezas de muestra de la onza troy, fueron depositadas por los agentes de la Bolsa Mexicana Gibbon, Alonso y Compañía en las oficinas de la Compañía Mexicana de Aviación para ser distribuidas en las diversas partes del mundo por medio de la Pan American Aviation Company.

La emisión de estas piezas causó en los Estados Unidos de Norteamérica gran sensación y todos los aficionados desearon poseer ejemplares de esta curiosidad numismática. Los afortunados traficantes que lograron obtenerlas, se aprovecharon de la ocasión para obtener buenas ganancias pidiendo no menos de tres dólares por pieza hasta que el que esto escribe hablando ante la Convención de la American Numismatic Asociation verificada en San Francisco, California del 21al 24 de agosto de 1949, y posteriormente en un artículo publicado en The Numismatist (noviembre 1949 p.663) hizo declaraciones en las que expresó categóricamente que los referidos tejos se podían comprar en cantidad limitada en la agencia que en la ciudad de Nueva York, tiene establecida el Banco de México, S.A.

Las oficinas del Banco Nacional de México, S.A. en Nueva York, en el número 37 de Wall Street, ratificaron lo que el autor de esta obra había afirmado, con relación a la facilidad que había para obtener los tejos, en carta publicada en el boletín de la Asociación Numismática, en el número correspondiente al mes de enero de 1951, página 44. El precio de venta de cada pieza variaba con el de la plata que cada una de ellas contiene.

La Ley Monetaria del 25 de julio de 1931. fue reformada el 29 de diciembre de 1949 por el Congreso de la Unión, creando nuevas monedas de plata de a un peso, cincuenta centavos y veinticinco centavos. La acuñación de esta última denominación había sido suspendida por decretos expedidos el nueve de diciembre de 1892 y el 30 de mayo de 1893. Esa modificación que incluye también nuevas monedas de diez, cinco, dos y un centavos... (Pág. 288-289)”.

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