Aquellos novios iban ya a casarse. La inminencia de los desposorios hizo que él se animara a pedirle tímidamente a su prometida que le entregara ya lo que al fin y al cabo a los pocos días le iba a dar. "Oh no -respondió ella, pudorosa-. Esperemos a que nuestro amor sea consagrado por Dios y por los hombres. Además siempre que hago eso me duele la cabeza, y no traigo aspirinas"... En el bar dos amigos entraron en confidencias sobre su vida conyugal. Dice uno: "Mi esposa me sugirió una nueva forma de gozar de nuestra intimidad. Ella se para de manos sobre el lecho, y en tal postura yo le hago el amor". Pregunta el otro: "Y ¿cuánto dura contigo en esa posición? Porque conmigo luego luego se cansa"... He aquí una duda filosófica: Si un hombre dice algo, y no hay cerca ninguna mujer, ¿aun así