Himenia Camafría, madura señorita soltera, iba por un oscuro callejón. Le salió al paso un individuo y la amenazó: "No grite". Dicho eso procedió a cebar en ella sus más bajos instintos de libídine. Terminado el trance la señorita Himenia le dice al ruin sujeto: "No lo hiciste bien. Voy a gritar"... En el manicomio había este letrero: "Prohibido entrar con perros al jardín". Uno de los internos llegó estirando un cepillo con una cuerda. Le indica uno de los celadores: "El aviso dice que no puedes entrar con tu perro". "¿Acaso estás loco? -replica enojado el orate-. Éste no es un perro; es un cepillo". El otro se desconcierta. "Está bien; puedes pasar". Ya en el jardín el loquito levanta al cepillo, lo pone entre sus brazos y le murmura al oído con sonrisa aviesa: "¡Lo engañamos, Firuláis!"