Don Cornulio llegó a su casa y sorprendió a su esposa en trance de fornicación con un sujeto. Hecho una furia le pregunta al hombre: "¿Quién es usted?". La señora se vuelve hacia el individuo y le dice con severidad: "La pregunta de mi marido es pertinente, caballero. Díganos: ¿quién es usted?"... Dulcilí, muchacha que leía novelas románticas, se dirige a Libidiano, maestro en ciencias lúbricas. "Lo siento -le dice con acento dramático-. ¡Jamás podrás entrar en mi corazón!". "Despreocúpate, linda -contesta el ruin galanteador-. No es ahí donde quiero entrar"... Yo practico una especie de sano escepticismo. No creo todo lo que me dicen. (Tampoco creo todo lo que digo yo). Mi escepticismo, claro, no llega al extremo que alcanza un cierto amigo mío. Alguien le preguntó una vez, solemnemente: