Rosilí tenía un perico. Y tenía también un amigo -digamos íntimo- que la visitaba en su departamento. Cierto día se levantó Rosilí por la mañana y quitó el lienzo con que cada noche cubría la jaula del lorito. En eso sonó el timbre de la puerta: era el amigo -digamos íntimo- que ese día llegó muy temprano, al comenzar el día. Al hombre le molestaron las miradas de curiosidad que en los momentos de mayor intensidad amatoria les dirigía el cotorro, y le pidió a Rosilí que volviera a cubrir la jaula con el trapo. Lo hizo ella, y exclamó el perico: "¡Carajo! ¡Este es el día más corto que he conocido!"... En la fiesta un necio sujeto le hacía la ronda a una chica, con empecinamiento de moscón. Le dijo ella sonriendo: "Sea usted un ángel". "¿Qué quieres, linda?" -le preguntó, ansioso, el tipo. R