Torreón sábado 23 de ago 2003, 11:22am - nota 8 de 11

MIRADOR

Por Armando Fuentes Aguirre

Reinaba en Córdoba Al-Hakim. Este moro de tez aceitunada y alma lánguida gustaba de la música. Tocaba con mucho arte la flauta llamada “de pico”, de casi un metro de largo y siete agujeros. Uno más le añadió Al-Hakim, y estaba muy orgulloso de la añadidura.

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El pueblo hacía burla de aquel orgullo real. Era ridículo eso de que un monarca cifrara su mayor gloria en haberle puesto a la flauta un agujero más. Cuando la gente se refería a una cosa sin importancia, fútil, solía decir:

-Es obra de Al-Hakim.

Se enteró de eso el rey de Córdoba. Hizo llamar a los mejores arquitectos de su reino, a los más afamados artesanos, y les ordenó reconstruir la pobre mezquita de la ciudad. Todos sus tesoros y todo su arte los aplicó a la magna obra. Acabada, la mezquita de Córdoba fue el adorno


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