Don Veterino, caballero de madura edad, padecía el mal llamado "de San Vito". Su cuerpo se sacudía en un temblor constante. Cierto día el añoso señor llegó a una casa de mala nota, burdel, mancebía o lupanar, y pidió cinco mujeres. La madama del establecimiento, acostumbrada a todo tipo de extravagancias y rarezas, obsequió su deseo, y llamó a cinco muchachas para que lo atendieran. Llevaron ellas a don Veterino a un budoir en cuyo centro había un lecho de forma circular, con sábanas de seda negra y cojines de terciopelo rojo. En él se tendió don Veterino en decúbito supino, quiero decir de espaldas. Sacudido por incesantes convulsiones -aquellas que el mal de San Vito le causaba-, don Veterino le pidió a una de las muchachas: "Sujétame este brazo". Se dirigió a la segunda: "Detenme tú est