Se exorna hoy esta columneja con "el chiste más cruel desde que Sonof Abitch, guardia de la prisión de Huntsville, Texas, le puso al condenado a muerte una tachuela en el asiento de la silla eléctrica”. Dice así el mencionado chascarrillo: “Sincondo N. era marido infiel. Tenía tratos en decúbito lateral, supino y prono con toda suerte de daifas y busconas, mujeres fáciles de cuerpo y con virtud precaria. No sólo andaba el lúbrico sujeto en esos adulterinos avatares: además era promiscuo, igual que gallo corralero. (Ya lo dijo el grosero dicharacho: "‘¡Ay, quién tuviera la dicha del gallo, que nomás se le antoja y se monta a caballo!”). Andaba con una y otra el tal Sincondo; en cuestión de faldas practicaba la democracia. Obra de Dios que no se le atravesó algún esco