Aquel señor tuvo una horrenda pesadilla. Soñó que un negro descomunal lo perseguía con malsanas intenciones de concupiscencia, lubricidad, lujuria, libídine y salacidad. Se despertó bañado en sudor frío. "-Tuve una horrenda pesadilla -le dice a su mujer-. Soñé que un negro descomunal me perseguía con malsanas intenciones de concupiscencia, lubricidad, lujuria, libídine y salacidad. Me desperté bañado en sudor frío". (Mis cuatro lectores habrán advertido ya que el citado señor tomó de esta columna las frases para hacer su narración). En eso entró el pequeño hijo del matrimonio. "-¿Qué te pasa, papi?" -le preguntó al señor al verlo con expresión de susto. "-Nada, hijito -responde él-. Le estaba contando a tu mamá un sueño que tuve". "-¡No lo cuentes, para que se te conceda!" -dice el niño...