Aquel señor tenía problemas para satisfacer a su esposa en el lecho conyugal. El médico le recetó un centilitro de las miríficas aguas de Saltillo. Horas después el galeno recibió una llamada telefónica. "Doctor -le dijo el hombre-: me tomé el agua, pero no sé si funciona o no. Mi esposa trabajó en su oficina hasta muy noche". "Señor -se desconcierta el médico-, hay otras mujeres". Responde el tipo: "Con otras mujeres no necesito las miríficas aguas de Saltillo"... Un amigo mío dice que sabe de mujeres. Pero acota: "Cuando digo que sé de mujeres, lo que en verdad estoy diciendo es que sé que no es posible saber nada acerca de las mujeres". Yo pienso que no es necesario saber nada de una mujer para adorarla. Cuando me enamoré de la mía no sabía absolutamente nada acerca de ella, ni siquiera