En la quietud del paisaje iluminado por vagarosa luna se inclinó Babalucas sobre la linda chica y le dijo: "Me estoy preguntando algo, Susiflor. Los pajaritos lo hacen... Las abejitas lo hacen... ¿Por qué no podemos hacer lo mismo tú y yo?". Responde ella con la mejor disposición: "Si quieres, Baba, podemos hacer lo mismo que hacen los pajaritos y las abejitas". Y dice entonces el badulaque al tiempo que perdía la mirada en la azul inmensidad del éter: "¿De veras crees que podremos volar como ellos?"... La exuberante morenaza se estaba confesando. Le dice al sacerdote, hombre joven como ella: "Padre: yo soy ardiente, yo soy morena, yo soy el símbolo de la pasión. No puedo ver un hombre sin encenderme en lúbricos deseos. Dígame usted: ¿voy a salvarme?". "En esta ocasión sí -le responde el j