El marido llegó a su casa a media mañana, y sorprendió a su mujer en el lecho conyugal con un sujeto. En paroxismo de ira el coronado esposo le gritó al ilícito amador: “¡Es usted un bellaco! ¡Un canalla! ¡Un infame! ¡Un malandrín! ¡Un perillán! ¡Un zote!”. (Nótese el cuidadoso uso que el agraviado esposo, a pesar de su justificada cólera, hacía del orden alfabético). “Y usted, señor mío -respondió con mucha dignidad el tipo-, es un irresponsable. Se supone que a esta hora debía estar en la oficina”... Doña Panoplia, dama de sociedad, le contó a una amiga: “Estábamos en la merienda del Campestre, y esa mujer llegó con un vestido tan escotado que todas nos quedamos con la boca cerrada”... Hace unos días escuché a un señor preguntarle a otro: “Ahora que tenemos vacaciones ¿vas a salir a algu