Murió un comerciante. Llegó al Cielo y pidió ser admitido en la mansión de la felicidad eterna. San Pedro, el portero celestial, revisó su expediente y le dijo: "Lo siento mucho, amigo. Leo aquí que en vida dejaste de pagar impuestos por 50 mil pesos. Si quieres entrar en la morada de los justos tendrás que pasar 50 años en el Purgatorio. Tu castigo será pasarlos con una mujer fea". Pocos meses después otro comerciante, amigo del anterior, murió también. San Pedro revisó sus libros y le dijo: "No puedo admitirte. Dejaste de pagar impuestos por 100 mil pesos. Deberás pasar 100 años en el Purgatorio, en compañía de una mujer horrible". Cierto día los dos comerciantes estaban quejándose de su suerte, y de lo duro que era vivir junto a aquellas espantosas anfisbenas. En eso vieron pasar a otro