Una preciosa imagen, un Cristo crucificado y dolorido, se venera desde hace cuatro siglos en mi ciudad, Saltillo. La leyenda -esa parte la más verosímil de la Historia- cuenta que cierto incierto día apareció en la Villa una mulita a cuyos lomos iba una gran caja de madera. Se echó la bestezuela en el lugar donde los pobladores hacían sus ejercicios de armas, y nadie pudo hacerla ya que se quitara de ahí. Abierta aquella caja se encontró en su interior la bella imagen de Jesús en la agonía de la muerte, imagen cuya serenidad iguala a la del Cristo de Velázquez y cuya belleza tiene la hondura de la fe. El 6 de agosto es celebrada en mi ciudad la fiesta del Señor de la Capilla. Una muy hermosa le construyeron mis antepasados saltilleros, santuario para la devoción del pueblo. Mucha gente ve