En la plaza del pueblo estaban dos amigos, el uno oriundo del lugar, el otro visitante. Advirtieron de pronto que venía un individuo astroso de ojos desorbitados y ropa hecha jirones. El hombre blandía, amenazante, un gran cuchillo. "Corramos -le dice el del pueblo a su invitando-. Ese loco le corta los éstos al que tenga más de tres". "¿Por qué nos hemos de ir? -pregunta con extrañeza el visitante-. Ni tú ni yo tenemos más de tres". "Corramos, te digo -insiste el lugareño-. El maldito primero corta y luego cuenta"... En plena luna de miel la muchacha tomó el teléfono desde su hotel en la Ciudad de México, y llorando le dijo a su mamá: "¡Descubrí que Ovonio es el hombre más perezoso del mundo!". "Que eso no te inquiete, hijita -la tranquilizó la señora-. Tu padre ha sido siempre un haragán