Volupticia y uno de sus hermanos vivían en la gran ciudad. Ella gozaba de gran popularidad entre los hombres, pues compartía con ellos -claro, en forma no gratuita- los encantos de que la había dotado Mamá Naturaleza. En cambio él, mujeriego, andaba siempre en apuros económicos. “-Hermanita -le dice un día-. Préstame un poco de dinero; lo que puedas. Estoy quebrado”. “-¡Ay, Impecunio! -protesta la muchacha-. ¡No entiendo cómo andas siempre sin dinero, y en cambio a mí me sobra!”. “-Bueno -responde él-. Eso se explica porque la fuente de tus ingresos es la causa de mis egresos”... Llega Babalucas con el carpintero. “-Maistro -le pide-. Necesito que me haga una caja de una pulgada de ancho, una pulgada de alto y 36 metros de largo”. El carpinte