Aquel señor fue a una convención, y cayó en culpa. (El infierno está pavimentado de buenas convenciones). Conoció a una señora casada, también asistente a la reunión, y entró con ella en relación pecaminosa. A su regreso compartió con un amigo la historia sucedida. "A los dos nos remordía mucho la conciencia -le contó apenado-. Lamentábamos amargamente aquella falta. Llenos de contrición llorábamos juntos nuestro gran pecado. Y todas las noches era lo mismo: llorar y follar; llorar y follar; llorar y follar..."... El padre Arsilio les dijo a sus feligreses en la misa: "Tenemos ya en la iglesia un equipo de sonido. El micrófono se compró con fondos de la parroquia. El altoparlante fue donado por don Sufricio, aquí presente, en memoria de su señora esposa"... El vacacionista alquiló por telé