Una señora le comentó a otra: "Estoy muy preocupada. Mi hijo el médico tiene a veces relaciones amorosas con sus pacientes". La amiga la tranquilizó: "No es el único caso". "Tienes razón -admite la señora-. Pero él es veterinario"... Aquel raro individuo llegó al bar. Llevaba una tortuga en la cabeza. El cantinero le preguntó, asombrado: "¿Por qué trae usted esa tortuga en la cabeza?". Responde el tipo: "Todos los viernes salgo de mi casa con una tortuga en la cabeza". Le dice el del bar: "Pero hoy es sábado". "¡Tienes razón! -exclama el individuo-. ¡Con razón me notaste algo raro!"... Hace años escribí esta frase: "No quiero irme al Cielo. Vivo en Saltillo". Mi querida amiga Graciela Garza Arocha, dueña de "La Canasta", el restorán de mayor tradición en la ciudad, puso aquella declaración