La selección mexicana de futbol se iba a enfrentar a un equipo brasileño de segunda división. El capitán carioca les dijo a sus jugadores: "Quédense en el hotel, muchachos. Conocemos al conjunto de México, y sabemos que no es muy bueno. Yo sólo puedo jugar contra los mexicanos, y ganarles". Los jugadores le pidieron que por lo menos se hiciera acompañar del portero del equipo, pero él les contestó que precisamente ese jugador era el que menos se necesitaba en los encuentros contra los mexicanos, e insistió en jugar él solo contra la selección azteca. Los brasileños, pues, se quedaron en el bar del hotel, y ahí se pusieron a beber alegremente mientras su capitán enfrentaba sin ayuda al equipo mexicano. Uno de los muchachos calculó que había concluido ya el primer tiempo, y le pidió al encar