El experto cazador de venados dice a su amigo: "-No quiero llevarte a la cacería, Impericio, porque haces mucho ruido y me espantas a los venados''. Suplica el otro: "-Llévame esta vez, Ubertino. Te aseguro que estaré en silencio''. "-Bien -accede el otro-. Pero guarda silencio''. Fueron, pues, y tomó cada uno su posición: Ubertino tras una peña; sobre un árbol Impericio. Desde ahí acecharían el paso de los ciervos. Se acercó uno de erguida cornamenta de 12 puntas. Ubertino apuntó. La caza era segura. En ese preciso momento Impericio lanzó un grito aterrador. Huyó la presa, y se frustró la cacería. "-¿Qué te pasó ahora? -pregunta Ubertino hecho una furia-. ¿Por qué gritaste así? Otra vez me espantaste al venado''. "-Mira -relató Impericio-. Estaba en el árbol y se me subió por la pierna un