La señora iba a dar una cena de gran gala: el director de la empresa donde trabajaba, y su esposa, eran los principales invitados. Esa tarde le dijo a su marido: "-Detalle de especial refinamiento será ofrecer caracoles. Ve a comprarlos". Los compró él, en efecto. Al salir de la tienda, sin embargo, se topó con una antigua novia. La dama estaba todavía de buen ver, y él conservaba restos de su apostura de antes. Entablaron conversación, y como el sol calaba determinaron ir a un bar cercano a tomar una copa y hacer recuerdos. Pero ya se sabe que los recuerdos son sedientos: a una copa sucedió otra, y a un acontecimiento los siguientes. Acabaron en el departamento de ella haciendo lo que en sus tiempos mozos no pudieron. Cuando el exhausto galán vio su reloj eran las 9 de la noche. ¡Y los in