Una zorra -cuenta la antigua fábula- entró a robar gallinas en la aldea. La sorprendió la luz del día, y se hizo la muerta en una calle para salvar la vida. Pasó un anciano y dijo: “He oído que los bigotes de la zorra son buenos para curar las reumas”. Y le cortó los bigotes. El animal no se movió. Pasó una mujer y dijo: “¡Qué blancos y brillantes tiene los colmillos! Se los voy a arrancar para hacerme con ellos un lindo brazalete”. Le arrancó, pues, los colmillos. A pesar del dolor la zorra siguió fingiéndose muerta, pues en no moverse le iba la vida. A poco pasó un muchacho y dijo: “¡Qué hermosa cola tiene este animal! Se la voy a cortar para adornar con ella mi gorro de cazador”. Le cortó, en efecto, la cola. Tampoco entonces se movió la zorra, porque si se movía la matarían a palos. En