EDITORIAL jueves 25 de jun 2009, 10:03am - nota 3 de 9

Adiós a la Kodachrome

FRANCISCO AMPARÁN

EL COMENTARIO DE HOY

Parece increíble, pero el que un ciudadano común y corriente pueda tomar sus propias fotos, y con cámaras portátiles, económicas y cómodas, es una actividad que apenas lleva tres generaciones. La mayoría de las fotografías de la Guerra Civil norteamericana, la Revolución Mexicana, la Primera Guerra Mundial, fueron tomadas todavía usando trípode y con películas fílmicas casi tan peligrosas como las acciones que tomaban, debido a los químicos con que eran tratadas.

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Sin embargo, el arte fotográfico fue evolucionando, y ya para los años treinta del siglo pasado ser fotógrafo aficionado pasó a ser un entretenimiento bastante asequible. De esa popularidad se derivaron las ristras de imágenes mostrando gente sonriente en torno a una mesa, niños chillando a pleno pulmón y las payasadas del tío ya pasado de copas; imágenes que suelen llenar álbumes y cajas de zapatos de toda familia que se precie de serlo.

Y fue precisamente en los años treinta en que la empresa fotográfica pionera por excelencia, la Kodak, introdujo un nuevo tipo de película que iba a revolucionar ese mundo: por primera vez un aficionado cualquiera podría tomar fotografías en color. El invento que haría posible tal cosa recibió un sonoro y muy mercadotécnico nombre: Kodachrome.

Desde entonces, hace 74 años, millones y millones de eventos, desde los más banales hasta los realmente trascendentales, quedaron registrados en ese tipo de película; que se convirtió en el estándar de la industria y de los simples jefes de familia que deseaban conservar registro cromático de la barbaridad que se había gastado en la piñata de Juliancito.

Pues bien: sic transit gloria mundi, toda grandeza es pasajera. Hace unos días la Kodak anunció que la película Kodachrome dejará de producirse. Después de todo, no representaban ni siquiera un 1% de las ventas de la compañía. Viendo esos números, resulta evidente que la Kodak mantuvo el producto en circulación por simple nostalgia y agradecimiento.

Lo que le ocurrió a Kodachrome es lo que les ha pasado a tantas cosas en los últimos veinte, veinticinco años: productos que habían servido de manera perfectamente satisfactoria durante décadas, de repente resultan espantosamente obsoletos. Trátese de los discos de vinil o las grabadoras de casete, la tecnología encontró maneras para enviar al cesto de la basura de la historia a productos que habían formado parte de nuestra vida prácticamente desde que teníamos memoria.

En el caso de la fotografía, las tecnologías digitales han ido desplazando implacablemente a las cámaras de película. Después de todo, con una cámara digital uno puede ver de inmediato si la foto vale o no la pena

Ni modo. El destino la alcanzó. Pero ¿ahora qué le decimos a Paul Simon?

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