Un guerrillero irlandés se hallaba preso en una cárcel de Inglaterra. Su esposa le dijo en una carta que no plantaría las papas que servirían de alimento a la familia, pues sin hombre en la casa ella no podía excavar el huerto. "No lo excaves -le respondió él en otra carta-. En el huerto hay enterradas cajas con armamento". El alcaide de la prisión, que leía todos los mensajes enviados o recibidos por los reclusos, dio cuenta al ejército inglés de aquella comunicación. Poco después el prisionero recibió otra carta de su mujer: "Vinieron soldados ingleses y excavaron todo el huerto buscando algo, pero no hallaron nada". Le respondió el irlandés: "Ahora ya puedes plantar las papas". El cuentecillo ilustra el viejo dicho: "Nadie sabe para quién trabaja". Ese decir puede aplicarse a Marcelo Eb