EDITORIAL domingo 14 de jun 2009, 4:03am - nota 6 de 6

Comenzar a parpadear

ERNESTO RAMOS COBO

Relatos de andar y ver

46 niños muertos en Hermosillo a causa del incendio en la guardería subrogada por el IMSS. La disección puntual del problema transitaría por el análisis del esquema de subrogación, entre consideraciones generales sobre la conveniencia de que sean particulares los que presten servicios sociales, concluyendo que, en este país -aun en la esfera de guarderías de menores, los requisitos mínimos de legalidad, de supervisión y seguridad, sucumben a la corrupción.

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¿Sabía usted que el IMSS paga más de 5 mil millones de pesos a guarderías subrogadas, y que dentro de los agraciados de jugosos contratos hay gente ligada a la alta política? Hediondamente podrido incluso el colchón de las guarderías de este país tan entrañable.

Imagínense usted: en este país tan entrañable hay movilizadores electorales, y el voto se compra con tortas y camisas. Imagínese usted: en este país tan entrañable existe una carretera de cuota que vale más de 1 peso el kilometro. Imagínense usted: en este país tan entrañable existen las Muertas de Juárez, crímenes no resueltos en su gran mayoría. Imagínense usted: en este país tan entrañable hay un mediático conteo pormenorizado (diario, mensual y anual) de las ejecuciones violentas relacionadas con el narcotráfico. Imagínese usted: en este país tan entrañable ya han aparecido de nuevo las caritas sonrientes de los candidatos en todos los postes de nuestras calles.

Todos somos culpables de vicios, corruptelas y podredumbre; quien esté libre de pecado que lance la primera piedra. Es por ello que el tema de Hermosillo llegó como un mazazo a nuestras vidas, en medio del debate sobre la anulación del voto. Y, al saber de esos niños quemados en sus cunas, y al interiorizarnos del excremento que rodea a la tragedia, nos quedamos atónitos de los alcances de este sistema viciado que nos hemos encargado de construir. Fue un mazazo desubicador. Como si, frente a la dimensión de la tragedia, nos invadiera un letargo que no nos deja reaccionar, como si fuera un parpadeo que todavía no inicia. Vaya legado éste para las criaturas, ¿no es cierto?

Tal vez a usted, a usted lector, la inmediatez lo satisface; tal vez usted es el frío sesudo individualista que piensa en no distraerse, porque nada se arregla, porque la fatalidad existe, y mejor afanar a quien se deje; tal vez usted decide olvidar nuestras penurias, no darle más vueltas al tema, porque a las 12 el partido y las tecates bien elásticas con los compas en la terraza; tal vez incluso usted pertenece a la clase política, favorecida por la corruptela y la prebenda, y desde ese sillón verde se arrellana a contemplar la alameda.

Incluso pudiera encontrarme de frente con usted, usted lector, un escrupuloso pragmático de ojos agrietados y cincelados, que escupiendo a un lado me grite "impórtate tú". Entonces me gustaría pecar de inocencia y decir cualquier cosa. Pero optaría por detenerme. Recorrería nuestra historia de hombres y mujeres abriéndose camino solos en esos desiertos, en esas montañas agrestes, cayéndoseles las palabras de los yelmos, esa legión de cuerpos cavando sus propias tumbas, el sálvese quien pueda; y optaría por quedarme callado.

Ante un parto tan traumático, el de este país tan entrañable, la solidaridad y el sentimiento colectivo ha quedado a segundo plano. Aunque tanto lo necesitemos. Aunque nos siga costando tanto no haberlo buscado.

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