Un angustiado señor se presentó en el consultorio de cierto célebre siquiatra y le confió un problema que tenía. "Cada vez que llego a mi casa -le dijo-, encuentro a mi mujer desnuda sobre el lecho, y un hombre abajo de la cama. Eso sucede todos los días, incluso los de descanso obligatorio. ¡No sé qué hacer, doctor!". El analista encendió su pipa y adoptó una actitud de grave reflexión. Tras de lanzar al aire varias volutas de humo dijo lo siguiente: "Mm... Mm...". La experiencia profesional le había enseñado que si hacía todo eso podía elevar el monto de sus honorarios hasta en un 30 por ciento. Luego manifestó: "Creo que su esposa presenta un cuadro típico de ninfomanía. Con un tratamiento de dos años, tres sesiones por semana, estoy seguro de aliviarla". Preguntó, cauteloso, el visitan