Yo no soy dado a adjetivar. Los escritos con demasiados adjetivos resultan fofos, inconsistentes, lacios, aburridos, chocantes, feos, pomposos, retóricos, barrocos, antiestéticos, magnílocuos, superfluos, deformes y desproporcionados. Mis artículos son sustantivo, no adjetivo. También, debo reconocerlo, tienen algo de pronombre, adverbio, interjección y su pizca de conjunción, sobre todo copulativa. Hoy haré una excepción. En esta columneja aplicaré un adjetivo calificativo. ¿A quiénes? A los llamados zapatistas y a su corifeo mayor, ese grandísimo farsante, Marcos. Otra vez reaparece el guerrillero de mentirijillas, y llama ahora “caracoles” a lo que antes llamó “Aguascalientes”. Dice en su última misiva, escrita en el empalagoso, cursilón y alambicado estilo que u