Se cumplió un año de la muerte de don Eugenio Garza Lagüera.
Tuve el privilegio de conocerlo. A veces me invitaba a hablar en la Cervecería. Al terminar la reunión me acompañaba siempre hasta mi automóvil. Nunca he olvidado ese rasgo de fina cortesía.
Don Eugenio era un hombre de empresa. Pero era, sobre todo, un hombre bueno. Practicó valores que de sus padres recibió, y los trasmitió a sus hijos. Con su esposa, doña Eva Gonda, formó una familia ejemplar. Doña Eva, dama de fina sensibilidad, inteligente y bondadosa, fue la mejor consejera del compañero de su vida.
A un año de la muerte de don Eugenio brillan más sus cualidades. Recordarlo es evocar una de las mejores épocas de Monterrey, esa ciudad fincada en el esfuerzo de hombres cuya grandeza no los hizo perder su sencillez. Hombres