El cuento que voy a contar describe con dramáticos matices la villana actitud de algunos hombres... Capronio llegó a su casa por la noche. Venía poseído por urticantes ansias amorosas. Después de acicalarse bien se puso su mejor piyama -la de seda- y se metió en la cama. Desde ahí llamó a su mujercita con melodiosa voz: "-¿Dónde está mi palomita?". Llegó la señora, y al entrar en la alcoba tropezó con un pliegue de la alfombra. Solícito, le pregunta él con ternura: "-¿Se hizo daño mi corazoncito?". La señora se dirigió al lecho, y Capronio tendió los brazos lleno de pasión. "-¡Méngache mi chiquitita! -le dice con melífico tono arrebatado-. ¡Méngache mi cielo, mi vida, mi amor!". Se consumó la unión connubial, y la señora se levantó para ir al baño. Tropezó de nuevo con la alfombra, y esta