En cierta ocasión el papa Juan Pablo II, de felicísima memoria -así se dice en lenguaje eclesial-, fue invitado a una quinta campestre. Después de un paseo por el bosque el anfitrión del pontífice lo condujo de regreso a la casa, y ahí le preguntó discretamente si no quería pasar al baño a lavarse las manos. "Ya me las lavé atrás de un árbol" -respondió él con una sonrisa. Sir Winston Churchill hizo un viaje a los Estados Unidos. A su regreso dijo que lo había conmovido el gran aprecio que le tenían los norteamericanos. Le preguntó un reportero: "¿Cómo se dio cuenta de ese aprecio?". Contestó sir Winston: "En muchas puertas ponen mis iniciales". Me sirven esas dos breves anécdotas para reconocer un hecho incuestionable: con mayor o menor frecuencia los humanos debemos ir a esos que en el c