Babalucas tenía tres hijos y una hija, los cuatro ya en edad de merecer. Un día el primogénito salió con la peregrina novedad de que había embarazado a una muchacha, y no podía cumplirle la palabra dada. Babalucas y su esposa tuvieron que indemnizar con una buena suma a los papás de la engañada joven. Pasaron unos meses, y ahora fue el segundogénito el que anunció la misma novedad: había puesto a su novia en estado de buena esperanza, y tampoco estaba dispuesto a hacer honor al juramento que hizo de darle el dulce título de esposa a cambio de la ofrenda de su virginidad. Otra vez Babalucas y su señora hubieron de hacer un fuerte desembolso para calmar las justas iras de los papás de la muchacha. No pararon ahí las cosas. Poco tiempo después el tercer hijo, para no ser menos que sus hermano