Facilda Lasestas era muchacha dadivosa. A nadie negaba un vaso de agua; a todos daba aquello que de cualquier manera iba a conservar. Sucedió que Simpliciano, joven inocente, se enamoró de aquella daifa, y anunció su propósito de unirse a ella en matrimonio. La madre del mentecato jovenzuelo, atribulada, le pidió al padre Arsilio que hablara con él y lo disuadiera de aquel propósito insensato. Le dijo el buen sacerdote al babiecón: "¿Cómo vas a casarte con esa fulana? ¡Se ha acostado con todos los hombres del pueblo!". Pregunta, severo, el enamorado mozalbete: "Usted, padre, ¿se ha acostado con ella?". "¡Claro que no!" -se indigna el padre Arsilio. "¿Lo ve? -exclama triunfalmente Simpliciano-. ¡No con todos!"... Los eufemismos son palabras decorosas que sirven para designar cosas indecoros