El abuelo se preocupaba por su nieto, muchacho en edad de merecer. Decía: "Temo que el chico se tope con una muchacha de esas modernas, que le contagie un herpes o, peor todavía, un Sida. Me gustaría que se hallara una muchachita de las de antes, a la antigüita, que le pegara nada más una gonorrea"... Aquel raro individuo entró en el consultorio del doctor Ken Hossana. Llevaba una zanahoria en una de las fosas nasales y un pepino en la otra; de un oído le salía un espárrago, y del otro una vara de apio. El extravagante sujeto le díce con angustia al médico: "¡No sé qué problema tengo, doctor!". "Yo sí lo sé -responde sin dudar el célebre facultativo-. No está usted comiendo bien"... Pasaba ya la medianoche, y en la cantina del pequeño pueblo bebían dos amigos. De pronto se oyó sonar la sir