Pimp y Nela, se llamaban. Él era gigoló, y ella su damisela. En otro tiempo habían sido pareja de baile ("La Sombra de Ginger y Fred"), pero esos días quedaron muy atrás -todos los días quedan muy atrás-, y ahora ella vendía y él cobraba. En cierta ocasión un apuesto y toroso mancebo solicitó los servicios de Nela. Era norteño el mocetón, y campirano, según lo daba a adivinar su atuendo: sombrero texano; camisa a cuadros; cinturón de pita con hebilla plateada en forma de cabeza de caballo; blue jeans; botas vaqueras. Ella lo llevó en taxi a un motel de los de corta estancia o pago por evento. Pimp siguió a la pareja en su automóvil -un convertible grande, modelo 82-, pues su trabajo consistía en dar protección a su pareja, y asesorarla en caso necesario. Ya en el cuarto, Nela ayudó al much