Una señora les cuenta muy afligida a sus amigas: "Mi marido y yo fuimos a Cancún. Él veía a las muchachas, y me decía que una piel dorada es muy sexy. Entonces empecé a asolearme diariamente, hasta que todo mi cuerpo adquirió una tonalidad oscura. Ahora él ya no quiere nada conmigo. ¡Dice que le recuerdo a su portafolios!"... Otra señora, extranjera ésta, fue de vacaciones a una playa del Pacífico. Sin hacer caso de la bandera de peligro se metió en el mar, y una ola grande la arrastró. Gritó desesperadamente en petición de auxilio. Uno de los botones del hotel se arrojó al agua, nadó vigorosamente y la trajo a la orilla, sana y salva. Después de recuperarse del gran susto la mujer le pregunta en voz baja a otro viajero: "¿Cuánto se da de propina por esto?"... El sacerdote amonestaba al bo