Dos viejecitos que eran hermanos se casaron con damas de edad menos madura que la de ellos, y decidieron ir todos juntos de luna de miel. A la mañana siguiente de la noche de bodas uno de los hermanos le dice muy preocupado al otro: “Tendré qué ir con el médico. Anoche tuve problemas con eso del sexo’’. “En ese caso yo tendré que ir con el siquiatra -dice el otro-. Ni siquiera me acordé’’... Murieron al mismo tiempo dos señores, y llegaron al Cielo. Ahí los recibió San Pedro, el portero celestial. Le preguntó al primero: “¿Qué méritos alegas para poder entrar en el paraíso?’’. Replicó, tembloroso, el recién llegado: “Estuve 40 años casado con mi esposa’’. “Puedes pasar -le indica sin vacilar San Pedro-. Mereces estar en el coro de los mártires’’. En seguida se volvió hacia el otro. “¿