El viejo Filósofo de Güémez se encontraba plácidamente trabajando en la carpintería cuando desde la puerta se escuchó una suave voz:
--¿No hayyy genteeee? -era doña Fidelina, la vieja partera que había traído al mundo a más de la mitad de los niños y jóvenes del pueblo-: Filósofo, ¿ya me habrán terminado el ropero que encargué?
El Filósofo amablemente la invitó a sentarse, llamando inmediatamente a su ayudante.
--¡Facundo!, doña Fidelina viene en busca del ropero que nos encargó, ¿ya lo terminaste?
--No, compadre, no sólo no lo hemos terminado... no lo hemos empezado.
Doña Fidelina, con los ojos desorbitados, iba a reclamar en el mismo instante en que el Filósofo dijo:
--¿Y le tenemos una explicación?
--Sí, es que la luna no ha estado llena y no hemos ido a cortar madera.
--Mira, F