La mayoría de las veces el oficio de estibador no da para completar el gasto.
Javier Hernández nunca pierde la esperanza de mejorar su nivel de vida.
MATAMOROS, COAH.- Javier Castro Hernández dice que nunca se cansará de agitar el trapo. A temprana hora llega al paraje donde en compañía de otros estibadores, ruega a Dios que lo recoja un trailero para descargar y luego llevar la “gorda” a su familia.
Con 42 años de edad, Javier señala que solamente se conforma con sacar para “el cafecito y los frijolitos”. Pero muchas de las veces, ni para eso da el oficio, una labor que a decir del estibador, “ahora está más competida, pos es que muchas maquilas cerraron y pos esa gente vino a robarnos plaza”, dice al tiempo que continúa sacudiendo el lienzo blanco