Don Astasio regresó a su casa y encontró a su esposa, doña Facilisa, en trance de cópula con un sujeto. Fue el lacerado al chifonier donde guardaba una libreta con dicterios para abaldonar a la pecatriz; regresó a la alcoba y le espetó a su mujer este adjetivo: "¡Cuchufante!". Esa palabra la había aprendido don Astasio en el útil Diccionario de Mejicanismos (así, con jota, del señor Santamaría, quien dice que el vocablo -que significa amasia o amasio- "es término de los norteños del país". A decir verdad, yo, que soy norteño, y del país, jamás lo he escuchado. Al menos a mí nadie me lo ha dicho. Me han dicho muchas cosas, pero cuchufante no). Se volvió doña Facilisa a su consorte y le dijo con quejumbroso acento: "Y esto no es nada, Astasio. ¡También me vendió una enciclopedia!". (Y era de