Nosotros domingo 22 de mar 2009, 3:36am - nota 20 de 40

CADA DÍA ¿CÓMO LO INICIA USTED? RUELAS TALAMANTES

MIGUEL ÁNGEL

De la vida misma

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La pregunta es por lo que vimos esta semana que se fue.

La idea de hacer esta columna nos la dio una joven empleada de una tienda donde venden teléfonos celulares.

Cerca de esta casa mirábamos en el aparador los nuevos modelos de estos pequeños aparatos, hoy tan populares y necesarios en el vivir moderno.

Del lugar salió la joven a limpiar con el trapeador la entrada del lugar, mientras que del interior emanaban los aromas agradables de unas varitas que consumía lentamente el fuego.

Y le preguntamos ¿Esos aromas son para atraer clientes? Y ella riendo, nos dijo: No, son para dar buenas vibras. Yo todos los días quemo esas varitas y me dan cuerda por muchas horas, ando contenta y llena de energía. Las cosas me salen mejor de lo que esperaba.

Y nos dejó pensando cómo empezaban sus labores en otras partes, así que al azahar escogimos una oficina cercana, donde se atendía al público.

Una empleada pasadita de kilos llegó al lugar y después de dejar su gran bolsa sobre el escritorio, ni caso hizo de los clientes sino que les preguntó a sus compañeros de labores: ¿De qué van a querer sus gorditas, porque ya las voy a encargar?

Uno dijo que quería dos de frijoles y dos de chicharrón. Otra muchacha comentó que quería puras de picadillo, con su salsa. Uno más pidió de queso y de frijoles.

Así estuvieron un buen rato poniéndose de acuerdo con el pedido, mientras la clientela esperaba impaciente y enojada.

Luego fuimos a la plaza a que lustraran nuestro calzado, y el güero que nos atendió ya tenía muy limpia su silla y su entorno. Puso en nuestras manos un ejemplar de EL SIGLO y nos dijo: Hoy me va a ir bien, me levanté con muchas ganas de comerme el mundo, y dejar complacidos a mis clientes.

Luego fuimos con Mundo el famoso estilista, y después de agradecernos la columna que sobre él escribimos, nos habló de sus inicios en el oficio, cuando su papá lo puso a asear calzado cuando ya no quiso estudiar, y luego ya le fue enseñando los secretos de utilizar tijeras y navajas. Estaba contento y con estilo, como si fuera un ceremonial nos ponía la alba → capa y luego también con movimientos sincronizados nos iba quitando pelo y años. Cuando dejó de platicar un sopor se apoderó de nosotros y hasta quisimos iniciar una siestecita, de tan agusto que estábamos.

Ahí, en el cómodo sillón nos acordamos de aquella mañana, cuando aquí mismo tuvimos otras funciones y le pedimos a Socorrito Soto nuestra valiosa colaboradora, nos ayudara a ubicar al trabajador que ese día llegara contento y saludador a sus labores. Todos entraban tranquilos y nada más, pero apareció Lili llena de alegría y muy saludadora. Ella se ganó un premio especial y hoy es uno de los elementos valiosos de esta empresa.

Todo esto lo empezó una jovencita que trapeaba mientras aspiraba el aroma de varitas de incienso.

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