Saltillo, mi ciudad, tiene una larga tradición teatral. De ella forma parte Manuel Acuña, a quien muchos confunden con pelotero de beisbol cuando leen en el pedestal de su estatua la inscripción: "Al vate Manuel Acuña". Poeta malogrado, el autor del famosísimo "Nocturno" fue también escritor dramático, y dejó con su obra "El pasado", una acabada muestra de romanticismo escénico. Entre nuestros autores teatrales está igualmente aquel que comenzó a escribir un tremendo drama de los que se llamaban "culebrones", a la manera de los que hacían Linares Rivas o D'Annunzio, llenos de situaciones trágicas y lacrimógenas. En su obra el escritor que digo puso adulterios, incestos, amores imposibles, relaciones tan intrincadas y confusas que llegó un punto en que ni él mismo pudo ya desenredar el hilo