La falta de empleo, de dinero y la necesidad arrojaron a Roberto a los tentadores brazos de la delincuencia. Pero hoy, las cosas cambiaron.
Con 25 años de edad, es padre de un pequeño y está desempleado, como muchos jóvenes.
Hace más de una década, arribó a esta región acompañado de sus hermanos y padres, proveniente de Tamaulipas. Tras abandonar la escuela, decidió buscar suerte y ganar su propio dinero.
Su inexperiencia y juventud lo llevaron a trabajar como albañil. En corto tiempo, llegó el amor y con él, su único hijo.
Poco a poco las necesidades se fueron haciendo cada vez más y el sueldo no era suficiente. Pañales, comida y otros gastos se acumulaban.
"En todo este tiempo había trabajado en la obra, a veces de 'mosca' en los camiones", cuenta. Ante los reclamos de su