Don Algón tuvo una aventurilla con su secretaria. Más bien -reconozcámoslo- tuvo con ella dos o tres aventurillas. O cuatro o cinco, o seis. O siete, ya no sé. El caso es que poco después la muchacha empezó a actuar con sobra de confianza. Don Algón la llamó aparte y le dijo: “Oye, nena: es cierto que tú y yo hemos salido algunas veces. Pero ahora estás faltando al trabajo; llegas tarde; te llevas mercancía a tu casa y sacas dinero de la caja. ¿Quién te dijo que podías hacer todo eso?”. Responde la muchacha sin dejar de masticar su chicle: “Mi abogado”... El padre Arsilio estaba resolviendo un crucigrama. Le pregunta a la monjita que le ayudaba en la parroquia: “Sor Bette: ¿qué es algo que tiene la mujer, en cuatro letras, y las últimas tres letras son -oño?”. Responde sin vacilar Sor Bett