En medio de esta crisis agobiante nadie recuerda ya los tiempos en que nuestra moneda estaba firme y la inflación era controlada. No es políticamente correcto hablar bien de Díaz Ordaz -las izquierdas lo tienen condenado a pena eterna-, pero yo no hablo mal de él, pues lo políticamente correcto me ha parecido siempre muy incorrecto. A Díaz Ordaz las circunstancias le fueron desfavorables. Asumió su responsabilidad, aunque las culpas fueron de otros más que de él mismo, y tuvo el patriotismo de poner por encima de su imagen lo que él creyó el bien de la Nación. Bajo su Presidencia vivimos una estabilidad económica que contrastó con la inestabilidad política que a fines de los años sesentas se vivió en el mundo, y que en México llegó hasta la tragedia. Después de Díaz Ordaz se instauró el ca