EDITORIAL miércoles 4 de mar 2009, 3:29am - nota 7 de 9

Los pastizales naturales, un ecosistema que se olvida

Por: C. MANUEL VALENCIA CASTRO


A la ciudadanía

En el estado de Durango y en el de Coahuila, la mayor parte de su territorio se encuentra ocupado por tierras de pastizal. De hecho, diversos autores opinan que alrededor del 50% del territorio nacional se encuentra cubierto por este tipo de ecosistemas.

Las tierras de pastizal son definidas como aquellas áreas en las que por condiciones climáticas, topográficas y/o de suelo no son susceptibles de cultivo, y que en cambio pueden ser aprovechadas por ganado y fauna silvestre. Desde la perspectiva del Manejo de Pastizales las áreas de tierra que presentan una vegetación nativa, constituida por zacates (zacatales) hierbas, arbustos (matorrales) e incluso árboles son consideradas pastizales.

Tradicionalmente, la contribución de los pastizales al bienestar de la humanidad ha sido la producción de alimentos de origen animal, esto desde luego es posible gracias a su capacidad de producción de forrajes (alimentos con un alto contenido de fibra) que son aprovechados con relativa eficiencia por animales domésticos y silvestres como los rumiantes, los cuales son capaces de digerirlos y transformarlos en carne, leche, pieles y lana.

Este beneficio que se obtiene de los pastizales, se ubica desde luego dentro de un contexto económico: el del mercado. Otras vías de bienestar de los pastizales, aunque en menor grado valorados o en proceso de serlo, son el aprovechamiento de algunas especies vegetales de importancia forestal no maderable para la obtención de fibras, condimentos, ceras, carbón vegetal, bebidas alcohólicas, medicamentos, jardinería, la fauna silvestre y el valor paisajístico de los pastizales, a menudo combinados en actividades ecoturísticas. Sin embargo, estos son sólo algunos de los servicios que se obtienen de los ecosistemas de pastizal, existen otros no menos importantes que se asocian directamente al funcionamiento del ecosistema y su biodiversidad, y que no obstante constituir la base de la vida natural, no ha resultado fácil ponderar su valor en el mencionado contexto económico y de mercado. Es a partir de la Cumbre de la Tierra celebrada en Río de Janeiro en 1992, donde se sentaron las bases para una nueva visión mundial del desarrollo sostenible, que se inicia el proceso de ponderación de los procesos que soportan la vida, en particular de aquellos que se relacionan estrechamente con los problemas de mayor vigencia en la actualidad: el calentamiento global y el cambio climático.

A través de las convenciones de diversidad biológica, la del cambio climático y en particular del Protocolo de Kioto, firmado en 1997, se reconoce ampliamente la importancia de conservar la biodiversidad y la necesidad de mitigar las emisiones de Gases de Efecto de Invernadero (GEI) mediante actividades de reforestación, reducción de la deforestación, del manejo forestal, de la regeneración de la vegetación, del manejo de pastizales y manejo de cultivos. Estas alternativas son elegibles únicamente para los países del Anexo I, países industrializados, mientras que para los países del No Anexo I (como el nuestro) se establece que las únicas alternativas elegibles son la forestación/reforestación.

¿Qué significa todo esto? Que el pago por servicios ambientales en países como México, se orientan principalmente a estimular y/o a compensar económicamente a los propietarios privados y del sector social de ecosistemas de selvas y bosques, que los conservan y/o manejan sustentablemente (dentro de los cuales podrían entrar sin problemas los dueños del bosque de pino piñonero de la Sierra de Jimulco). Aunque estos acuerdos dejan fuera, por lo menos en lo que se refiere a la mitigación de carbono, del pago de servicios ambientales a los pastizales, esto no significa que así será para siempre o que estos ecosistemas tengan poca importancia en la regulación de los GEI.

Aún cuando toda la vegetación de los pastizales representa un reservorio de carbono orgánico (estimada a nivel mundial entre 550-1,000x106 Toneladas para toda la biomasa terrestre), con tiempos de reciclado de 50 años, las principales fuentes y sumideros de carbono lo constituyen las rocas y sedimentos en lo profundo de los océanos (Carbono inorgánico principalmente), con tiempos de recambio de miles a millones de años.

Por otra parte, una proporción importante de la vegetación de los pastizales se ubica debajo del nivel del suelo y ésta produce desechos que integran la materia orgánica del suelo, aunque no en forma exclusiva (1,200x106 Toneladas para toda la biomasa muerta), la cual constituye una de las formas más efectivas de captura de Carbono (mineralización del carbono).

Como puede verse, no deberíamos subestimar el trabajo de los pastizales naturales en la mitigación de los gases de efecto de invernadero, su adecuado manejo y conservación constituirán hoy y siempre la alternativa más inmediata para coadyuvar en la solución del calentamiento global y local y por ende del cambio climático.

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