L U N E S
Nunca se acaba de saber todo de los amigos que se cree conocer bien por la sencilla razón de que se les ha conocido en clubes, y se ha convivido así con ellos por muchos años.
Eso me ha pasado a mi con Leonel Castro, con el que sigo viéndome con gusto por la inercia de un leonismo en el que él ocupó todos los puestos nacionales y yo sólo los locales. Independientemente del tuteo obligado, le he admirado desde siempre por su audacia como hombre de negocios, así que cuando un día el licenciado Del Bosque, gran cultivador de amistades, me dijo saber que estaba delicado de salud, que si le acompañaba a visitarlo, de inmediato dije sí, y hoy hemos repetido la visita.
El hombre desde la primera vez lo encontramos mejor de cómo imaginamos, y hoy comprobamos que va de maravilla, lo